“los sistemas electorales surgen y actúan dentro de estructuras sociales y políticas específicas”... “al cambiar las condiciones sociales y políticas, los sistemas políticos heredados pueden tener efectos diferentes y alcanzar una posición funcional distinta en el proceso político”
NOHLEN, D.

lunes, 13 de abril de 2009

Redistribución de distritos electorales.

A los fines electorales la Nación se divide, según el Código Electoral Nacional (CEN) en:
1. Distritos. La Capital de la República, cada provincia y el territorio nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, constituyen un distrito electoral.
2. Secciones, que serán subdivisiones de los distritos. Cada uno de los partidos o departamentos de las provincias y territorio nacional, constituyen una sección electoral.
El Poder Ejecutivo determinará la división en secciones electorales que corresponda a la Capital de la República.
3. Circuitos, que serán subdivisiones de las secciones. Agruparán a los electores en razón de la proximidad de los domicilios, bastando una mesa electoral para constituir un circuito.
Hoy la República Argentina se divide en diferentes secciones o distritos según los cargos que se deban ocupar. Así la Nación conforma un solo distrito electoral para la elección de la formula presidencial (art. 94 CN y 148 CEN). Cada provincia conforma, igual que a nivel nacional, un único distrito para la elección del titular de su Poder Ejecutivo, el Gobernador.
Para las elecciones legislativas debemos tener en cuenta que tipo de legislador estamos eligiendo. Así, para la elección de Senadores y Diputados Nacionales cada provincia conforma un único distrito electoral (arts. 156 y 158 CEN). En cambio para la elección de legisladores provinciales, Diputados y Senadores en su caso (no todas las provincias son bicamerales), cada provincia se subdivide en distritos o secciones electorales de acuerdo a su propia legislación.


Los concejales son elegidos en distritos únicos que en su mayoría coincide con los límites de los municipios.
Estas divisiones arbitrales, fundadas supuestamente en la densidad de población acusan varios puntos flacos.
Antes de continuar dejemos en claro que utilizaré a la provincia de Buenos Aires como ejemplo dada su importancia en el padrón electoral, por ser el distrito más poblado y por ser natural de ella.
El suelo bonaerense se encuentra, como ya fue escrito, dividido en ocho secciones electorales, cada una de ellas tiene asignado un número de bancas a cubrir en el Congreso provincial directamente proporcional con la cantidad de población.
…“La base de la representación, según la Constitución Provincial (art. 58) es la población de la provincia. En este sentido el artículo 69 de la norma mencionada establece que “se determinará con arreglo a cada censo nacional o provincial, debidamente aprobado, el número de habitantes que ha de representar cada diputado”. El artículo 75 dispone lo mismo para los senadores. En la actualidad la Legislatura está compuesta por 92 diputados y 46 senadores.
Por otra parte la Constitución Provincial establece en el artículo 61 que “cada uno de los partidos en que se divida la provincia conformará un distrito electoral; los distritos serán agrupados en secciones electorales. No se formará ninguna sección electoral a la que le corresponda elegir menos de tres senadores y seis diputados”. ¿Pero qué sucede en nuestra Provincia que la mayoría de la gente no conoce siquiera la existencia de estas secciones y mucho menos tiene un sentido de pertenencia a ellas? Creo, en primer lugar, que el hecho de que las secciones electorales fueran el producto de líneas arbitrales hace que sus habitantes no se sientan identificados con ellas. En segundo lugar, el carácter presidencialista que nuestro sistema de gobierno como fue pensado por Alberdi restó todo poder de decisión al Poder Legislativo. De esta manera la Legislatura de la Provincia no es vista por los ciudadanos como un órgano de gobierno que pueda dar soluciones a los problemas de la gente. Esto ha logrado que, salvo excepciones, los legisladores provinciales no sean conocidos por los representados. Por otra parte, el desconocimiento de la sociedad sobre la legislatura provincial genera altos niveles de abstención en las elecciones legislativas que, según el Ministerio de Gobierno de la Provincia van del 25 al 35%; por otra parte esto ayuda a construir una democracia refrendataria en la que la Legislatura no es más que una extensión del Poder Ejecutivo que le aprueba inexorablemente todo lo que el Gobernador envía a las cámaras.
Fijémonos qué sucede con la actual división de la provincia en secciones electorales. Según el último censo realizado en el año 2001, la provincia de Buenos Aires tiene una población de 13.827.203 habitantes. Tomando en cuenta la cantidad de habitantes de la provincia, y dividiendo esta cantidad por el número de legisladores que integra cada una de las Cámaras de la Legislatura, obtenemos el número de habitantes que representa cada legislador. Entonces cada Diputado debería representar a 150.295 habitantes y cada Senador a 200.591.Luego de esta operación nos encontramos con un dato curioso: 4 de las actuales secciones electorales no cumplen con el requisito que impone la Constitución de tener la población suficiente para elegir el mínimo de representantes que ella fija (6 diputados y 3 senadores por sección electoral) Estas secciones son, según los datos del INDEC, las secciones segunda, cuarta, sexta y séptima.
Los artículos de la Ley Electoral que hacen referencia a la creación de las secciones electorales, fueron introducidos en el año 1961 por Ley 6.698. El censo del año anterior demostraba que secciones como la cuarta no cumplían con el requisito de contar con la cantidad de habitantes para elegir el mínimo que exige la Constitución, por lo que podríamos afirmar que la Ley Electoral nació “inconstitucional” en este aspecto. El tipo de organización de las secciones electorales, tal cual fueron creadas por la ley recién mencionada, hace que existan ciudadanos ‘sobrerepresentados’, y ciudadanos ‘subrepresentados’. Comparemos dos casos para ejemplificar esta situación:
· La Primera Sección Electoral (compuesta por municipios del llamado conurbano bonaerense) cuenta con una población de 4.818.743 habitantes. A esta sección le corresponde elegir 15 diputados; tiene un total de 3.160.587 personas en condiciones de votar, por lo que cada Diputado de esta sección representa a 321.249 habitantes.
· La Cuarta Sección Electoral, geográficamente situada en el noroeste de nuestra provincia, tiene, según el último censo, una población de 565.279 habitantes (ocho veces menor a la Primera Sección) y 438.546 personas en condiciones de votar. Esta sección elige 14 diputados, significa que cada diputado representa a 40.377 habitantes.
La gran diferencia de población que existe entre las dos secciones que tomamos como ejemplo no se evidencia en la cantidad de diputados a elegir ya que la Primera elige 15 mientras que la Cuarta, con una población ocho veces menor, elige sólo un diputado menos. Lo mismo sucede en el caso de los senadores: la Primera Sección elige 8 senadores mientras que la Cuarta elige 7. Con estos números llegamos a una conclusión: existen secciones electorales (y por lo tanto, ciudadanos) con representación diferencial, lo que cuestiona los fundamentos democráticos de igualdad y viola lo establecido por el artículo 61 de la Constitución Provincial bonaerense”... [1]
En el resto de las provincias la realidad electoral es muy dispar y se observan en ellas diferentes resultados.


En cuanto a la conformación del Congreso Nacional, si bien las Provincias forman un distrito único, existe en igual o mayor medida la misma carencia de identificación y su consiguiente falta de representatividad entre los legisladores y el electorado.
Los electores no saben quienes son sus representantes, y esto cuando hablamos de los Diputados Nacionales, a ojos del autor es potencialmente más grave que con los Senadores Nacionales. Sabiendo que el Senado de la Nación, (el provincial quien sabe) representa los intereses de cada una de las provincias que componen la Confederación, no es óbice para cumplir fielmente su función el que la mayoría de la población los palpe de cerca, sino más bien su sentimiento de pertenencia con la idiosincrasia de los lares que le toquen. Pero cuando de la Cámara baja hablamos otra es la necesidad.
La Cámara de Diputados Nacional y Provincial representa directamente al pueblo de sus provincias. Entonces como podemos pretender eliminar la carencia de representación sin reestructurar la distribución de bancas en el territorio.
Es necesario saber quien es quien. Es importante impedir que quien ha hecho un desastre en Bragado sea votado y alcance un escaño gracias al pueblo de San Nicolás.
La impersonalidad de las bancas hoy en día contribuye a la no participación, alimenta el “son todos iguales”, “el que se vayan todos”, que les conviene solo a los mismos “supuestos” perjudicados. No es sensato ni sano para la práctica política cotidiana, (esto es el control que queremos lograr por parte del electorado), que los mandantes no conozcan a sus mandatarios.
Necesitamos distritos reducidos de los cuales salgan legisladores que estén en la mira de sus votantes. Que los crucen asiduamente. Que puedan negarles su voto a futuro o confirmarlos a sabiendas de su honestidad y el rendimiento en su labor. Que puedan ver como continúa su ritmo de vida, evitando que puedan impunemente traicionar la confianza de su pueblo, al menos sin el riesgo de ser tachados en la próxima elección.
Por eso en cada provincia debe elegirse un Diputado Nacional por cada Departamento o Municipio en que se divida políticamente, constituyendo estos una sección electoral. Y la Ciudad de Buenos Aires, por su parte, se dividirá en cuatro sectores proporcionalmente iguales constituyendo cada uno de estos una sección electoral en la que se elegirá un Diputado Nacional.
De esta forma el legislador tendrá un fuerte sentido de pertenencia a su localidad y los ciudadanos de ese partido quizás no conozcan personalmente a “su” Diputado, pero sabrán quien es y que es lo que hace. Tendrán un nombre para pedir cuentas y su voto en las elecciones futuras no será en vano, decidirá a suerte y verdad, por los meritos de ese Diputado, cual será el futuro.
A los candidatos electos no les quedará más opción que trabajar, como cualquier persona que quiere permanecer y hasta incluso ascender en su trabajo.
Habrá resistencias a esta propuesta. La cantidad de Diputados, será inexorablemente una. La diferencia de ciudadanos que representaran cada Diputado otra. Y más.
A decir verdad serán tan solo piedras infundadas.
Hoy por hoy la Cámara de Diputados de la Nación esta compuesta por doscientos cincuenta y siete Diputados. Y si se cumpliera la Constitución Nacional de acuerdo al censo de 2001 debería estar conformada por varios más de trescientos Diputados, pero aún así es bastante menor que el número resultante de la reforma propuesta, quinientos quince diputados.
Si tenemos en cuenta que en poco más de tres años se realizará un nuevo censo que seguramente llevaría la Cámara de Diputados a un numero que rondará los cuatrocientos representantes y que otra de las reformas que acompañan la propuesta quita de escena a cuarenta y ocho Senadores Nacionales más la abolición de las Cámaras de Senadores provinciales que aún quedan en pie, esto le daría a la suma de quinientos quince Diputados un saldo favorable. Muy favorable.
Y aunque así no fuese la cuenta, la reforma no busca achicar los números en detrimento de la representatividad, piedra angular del sistema argentino consagrado en 1853, sino buscar una representación efectiva, palpable y juzgable a los ojos de quien es hipotéticamente representado. El gasto será igualmente menor y tendrá un destino justo, el que el soberano decida. El pueblo votará a quienes cobraran sus dietas como legisladores y no serán los caudillos políticos quienes elijan los destinatarios de esos fondos.
Por otra parte párrafos arriba vimos como en la provincia de Buenos Aires un Diputado Provincial de la cuarta sección electoral representa a 40.377 habitantes mientras que uno de la primera sección representa a 321.249 con lo cual en el sistema actual la supuesta desigualdad de representación que se califica en sub y supra representación esta instalada. Y si comparamos los números de Buenos Aires con los del resto del país la brecha será aun mayor.
Este autor entiende que no es primordial que todos los diputados representen la misma cantidad de habitantes, parece de esta forma que estemos mirando la condición del trabajo del legislador para que todos tengan las mismas cargas. Aún así, sería una condición “ideal” pero no por ello más o menos efectiva. Lo realmente importante es la representatividad, la calidad de la representación. Tenemos que mirar el problema desde la óptica del electorado, hacía allí apunta la propuesta, devolverle al pueblo su “bastón de mando”. Los legisladores deberán trabajar para cien, mil, trescientos mil o el número que sea. Y el detalle fundamental es que no son cualquier grupo de cien, mil o trescientos mil, son un grupo que conoce al candidato, que lo premia o lo castiga, que evaluará y reclamará. Son un grupo determinado de cien, mil o trescientos mil.
Además las provincias se dividen en departamentos o partidos, generalmente, de acuerdo a un índice de población, en consecuencia la cantidad de departamentos de cada provincia esta de forma directamente proporcional entrelazada con la cantidad de población, con lo cual tendrán más representantes las provincias que más población tengan.
De esta manera la Cámara de Diputados de la Nación se compondrá por representantes de cada una de las provincias y de la Capital Federal, (no la Ciudad Autonoma de Buenos Aires) de acuerdo con el siguiente detalle comparativo:



Esta formula de distribución del territorio electoral permitirá no solo la representación, en la cámara baja del pueblo de las provincias en si mismas, logrará un objetivo aún mayor, instalara en la agenda política nacional las necesidades de los propios departamentos provinciales, que muchas veces por su escasa importancia a gran escala no son tenidos en cuenta ni si quiera en las legislaturas provinciales.
A propósito de las Cámaras de Diputados de las provincias, deberán utilizar, de acuerdo a esta reforma, la misma plataforma y divisiones territoriales para elegir sus diputados, que la utilizada para los nacionales. De esta manera la población de cualquier departamento o partido tendrá un Diputado Nacional y un Diputado provincial que bregue por sus problemas, necesidades y derechos. Que sea control del gobierno nacional, uno y provincial, el otro.
Siguiendo con el ejemplo de la provincia de Buenos Aires, hoy la Cámara de Diputados de la misma esta compuesta por noventa y cuatro legisladores y pasaría a estar formada, luego de la reforma por ciento treinta y cuatro diputados, sin los cuarenta y seis Senadores que hoy ocupan la cámara alta provincial.
Los Concejos Deliberantes, siguiendo la misma línea, se conformarán con personas elegidas directamente por el pueblo del departamento o partido en el que se postulen. Así cada departamento se dividirá en tantas secciones como bancas a cubrir tenga el Concejo Deliberante, tratando de hacer coincidir los límites de los barrios con las mismas.
Concluyendo la misma idea, cada ciudadano de un barrio tendrá, un concejal que lo represente en los intereses comunales, y controle a su Intendente. Tendrá, un Diputado Provincial que hable por el en la legislatura provincial y fiscalice al Gobernador. Y por último un Diputado Nacional que reclame soluciones para su gente en la agenda política de la nación y controle agudamente la gestión presidencial.
Hoy día, el párrafo anterior debería cumplirse igual, con la salvedad de no saber quien es el responsable de tales actividades para con ese mismo ciudadano de ese mismo barrio. Situación que genera una falta de compromiso y una impunidad en el trabajo legislativo que posiciona a cualquier legislador en la paupérrima opinión que tiene el electorado de los órganos colegiados del Estado.
De esta manera la representación, que hoy esta en crisis, dejaría de ser una utopía y cada legislador representaría a un grupo de ciudadanos determinados que podrán, dependiendo únicamente de si mismos, controlar exigir, reclamar y juzgar a “su” representante en cada cuerpo.
[1] CINQUERRUI, Sebastián, Sistema Electoral e Instituciones Políticas, Un Nuevo Mapa Electoral para la Provincia de Buenos Aires, Grupo Agora, Centro De Implementación De Políticas Públicas Para La Equidad Y El Crecimiento, Fundación Fun.Dar, 2.004.

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